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Sillas pintadas a mano.  Rael.

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El Armario

El armario.
 
 
Lo sé, lo sé— le decía Agustín a su amigo Ricardo—pero bien sabes que no puedo evitarlo, tengo que verla, aunque sea verla pasar por la acera antes de que entre al edificio y… – sí, ahí está el problema en el “y”, “y” y luego que sigue ¿tus interminables horas de delirios y fantasías? ¿Y todo para qué? Estás loco Agustín, completamente loco. Ya lo sé, ya lo sé, pero bien sabes que no es culpa mía, ella me enloquece, sabes que no hay mujer que se le compare, la belleza que en ella se concentra es única ¡ah! y su sonrisa, sí, su sonrisa, hay quienes dicen que es la puerta de entrada al paraíso, si, en el paraíso que pronto estaré.
Ricardo caminaba junto a su amigo por las calles de aquella ciudad con el tiempo justo para llegar a la gran cita, la cual era recargarse en un enorme macetón de concreto que estaba muy cerca de la entrada del edificio de Angelina y desde donde se podía dominar toda la acera de esquina a esquina. Agustín, escúchame, mejor vámonos ya deja esta obsesión, te juro que no sé qué locura puedes llegar a hacer, entiéndeme ella es mayor que tú por algunos años y aparte pertenece a otro círculo social que el nuestro, voltea a ver el barrio en el que estamos, ve el edificio, es el más exclusivo de la ciudad, aquí solo vive gente muy rica y para los miserables cien pesos que traes en la cartera no creo que te alcance para nada en este lugar y menos con ella. Agustín ya no estaba escuchando, su estado de alerta había cambiado y se encontraba en una hipervigilancia de cualquier cosa que pasara frente al lujoso edificio.
 
¡La viste, la viste!, ¿no es hermosa?, ¿verdad que lo es?, sí Agustín es muy hermosa pero ya tranquilízate no es bueno lo que estás haciendo, no te va a llevar a nada agradable, no me importa, ella es mía y de nadie más. La viste ¿verdad Ricardo? la viste, si te dije que sí, ¡pues ya no la veas, ya no!  De regreso a su casa Ricardo pensaba en lo mal que podría estar su amigo y que de seguro pronto lo iría a visitar a la casa de la risa.
Los dos amigos continuaron con su vida común pero Ricardo veía que Agustín actuaba cada vez más raro, cada vez más callado y distante, pero eso sí, nunca faltaron a la cita para ver pasar a Angelina. Tras dos semanas de un poco común actuar de Agustín y siendo viernes, Ricardo se extrañó de que su amigo no hubiera asistido a la preparatoria y pensó en pasar por su casa para preguntar por él.  Durante uno de los descansos entre clases, Pato estaba comentando de la sospecha de un asesino serial en la ciudad, la noticia la habían dado en la radio ese día por la mañana, ¿y por qué no habían dicho nada? preguntaba Daniela, no lo se dijo Pato, tal vez la policía ya no sabe qué hacer y solo nos están advirtiendo para que nos cuidemos, ¿y cuántos lleva? preguntó Rafael, no sé exactamente pero dicen que seis o siete, vaya el tipo es bueno, dijo Rafael, sí es bueno dijo Ricardo mientras tenía un mal presentimiento.
 
Eran ya las seis de la tarde y Ricardo estaba recargado en el macetón frente al edificio, no para ver a Angelina, bueno una mirada rápida, pero más bien para esperar a que Agustín llegara y así saber en dónde había estado. Angelina llegó y entró a su edificio, pero en esta ocasión venía acompañada de un hombre quien la trataba muy cariñosamente. Ricardo estuvo media hora más ahí y se retiró sin tener noticias de su amigo y como era fin de semana pensó que lo vería al día siguiente.
 
Agustín tenía todo el día paseándose por el departamento de Angelina, de alguna manera había encontrado la forma de entrar y  se había acostado en su cama, había tomado un refresco de su refrigerador, había visto la televisión y varias cosas más y mientras lo había hecho fantaseaba con ser la pareja de ella y la forma en que ellos dos hubieran vivido juntos. El tiempo pasó muy rápido y cuando dieron las seis de la tarde escuchó que la puerta se abría y las voces de dos personas se iban intensificando por lo que Agustín que ya había estado en el cuarto de su amada, corrió hacia el armario que se encontraba en la habitación, un armario hecho al gusto, empotrado en la pared y mucho más grande y alto que los convencionales. Sin poner mucha atención abrió una de las puertas y se metió entre la ropa que ahí colgaba. En la obscuridad total empezó a oír que la pareja iniciaba un muy intenso intercambio sexual y mientras los celos lo iban invadiendo creyó escuchar la respiración de otra persona dentro del armario.
 
Entre el miedo de ser descubierto y los celos sintió cómo un objeto puntiagudo y frío se depositaba en su cuello y sin hacer ningún movimiento ni expresar palabra se quedó tan rígido como las paredes del armario. Muy lentamente una mano envuelta en un guante de goma cayó sobre su boca y la voz de un hombre le advirtió que se quedara callado y sin hacer ningún movimiento. Agustín empezó a reflexionar sobre su estupidez, la de haber entrado al departamento de Angelina, recordaba las palabras de Ricardo advirtiéndole de lo que podría traerle su obsesión y sin ruido alguno empezó a llorar. Después de algún rato la pareja estaba en completo silencio salvo el ocasional ronquido del amigo de Angelina.
¿Por qué estás aquí?—preguntó el hombre del cuchillo mientras retiraba la mano de la boca de Agustín pero sin quitar el arma del cuello—es que escuché un ruido y me metí al armario—que coincidencia, a mí me pasó lo mismo—respondió el hombre en forma irónica, ¿por qué estabas en el departamento?—solo quería conocer a la mujer que vive aquí, eso es todo, lo juro, no estoy diciendo mentiras, por favor déjeme ir… ¡cállate los vas a despertar! y ten por seguro que no te vas a ir de aquí y sin más por decir ya el asesino había hundido la filosa hoja de acero en el cuello del muchacho. Hasta la mañana del lunes se dio a conocer la noticia en el periódico matutino, explicando en esta la identidad de las tres víctimas y así como la aclaración de que el asesino había cambiado su patrón en el ataque, por lo que los investigadores no sabían si era un nuevo asesino o si las circunstancias se le habían complicado al que originalmente buscaban.
 
Ese día en la preparatoria, muchos de los compañeros de Agustín comentaban la noticia y traían un fuerte revuelo con las especulaciones sobre lo sucedido y el extraño actuar de su amigo y por otro lado Ricardo les contaba lo que Agustín había venido haciendo desde principios del semestre y que tal vez eso explicaba por qué se encontraba dentro de aquel departamento. Todos escuchaban el relato en un inusual silencio y especialmente Rafael, quien pensaba que el asesino era bueno haciendo su trabajo. La rutina del día siguió como todos los días, asistir a clases y todo lo demás que se hace en una preparatoria pero en uno de los descansos una de las maestras le pidió a Ricardo que fuera a su cubículo porque quería hablar algo con el. Después de hablar, la maestra obtuvo la historia completa de lo que había sucedido y fue así como la directiva entendió el  motivo de Agustín para estar en aquel lugar.
 
Dos días después del funeral y de vuelta en la preparatoria, Rafael le pide a la maestra que había entrevistado a Ricardo que lo recibiera y fue el quien la estuvo interrogando sobre lo que habían hablado ellos dos días atrás. Rafael no consiguió más información de la que todos sabían y sin mayor emoción salió de la oficina y siguió con su día. Varios días  después hubo otra noticia sobre el asesino que atacaba la ciudad y fuera de lo sucedido con Agustín la noticia clarificaba que el homicida había vuelto a su patrón común de ataque, sólo a mujeres. Ricardo seguía envuelto en un sin fin de pensamientos que lo hacían regresar una y otra vez a la muerte de su amigo, una muerte innecesaria, una muerte sin sentido pero que ahí estaba y que no podría cambiarse nada de lo que había sucedido. En cierta forma se sentía responsable de lo que había pasado por haber dejado tan a la ligera el actuar de su amigo y ahora tendría que vivir con ello y con el reclamo silencioso de los que habían sabido toda la historia de aquel acontecimiento. Ricardo ya no podía acercarse a aquella maestra que lo había entrevistado cuando sucedió el asesinato, cada vez que se cruzaban en la escuela el trataba de no verla a los ojos y cambiar de dirección.
 
Para Ricardo los días se habían convertido en muy cortos y las noches eran eternas llenas de pensamientos que se fundían en ideas tratando de encontrar una respuesta que ni existía ni era necesaria. Poco a poco y con el tiempo la ansiedad y la culpa iban disminuyendo y por extraño que pudiera parecer, algo que estaba ayudando mucho a esto, era que Ricardo había logrado empezar a hablar del tema con la maestra a la que antes no se atrevía ni ver. Ella fue ayudándolo a reintegrares a sus amigos y a las actividades de la escuela. Todo parecía estar de nuevo en orden hasta esa noche de jueves cuando en medio de sus sueños Ricardo reconoce la voz de su amigo Agustín quien desde una aparente gran distancia le hablaba, mencionando su nombre en repetidas ocasiones para después pedirle que estuviera atento a su llamado ya que quería algo de ayuda de su parte. Ricardo salió disparado de su sueño y sentado en su cama estaba tan agitado como un no atleta después de correr un maratón completo. El sueño se iba desvaneciendo rápidamente de su memoria pero la voz de su amigo lo taladraba desesperantemente y él no le encontraba sentido a lo que había sucedido en sus sueños. El reloj despertador señalaba las cuatro y media de la mañana y Ricardo tenía la urgente necesidad de hablar con su maestra, pero no tenía su teléfono y de hacerlo seguramente se metería en varios problemas, el haberle hablado a quien no debería y mucho menos a esa hora y de hacerlo quedaría como un loco que habla de fantasmas y apariciones. Después de pasar el resto de la noche despierto se dispuso a arreglárselas para ir a clases y decidió no contarle nada a su maestra y fingir que todo estaba bien. Cuando llego a la preparatoria, por una cosa u otra, estaciono su carro a un lado del de ella y se fueron caminando juntos y la maestra le pregunto sobre cómo se sentía y el solo pudo decirle que bien para cambiar rápidamente el tema y hacerle algunas preguntas sobre el trabajo que ella les había encargado para el fin de curso, fingiendo Ricardo que él era muy malo para las cosas de arte y que mucho le agradecería que no fuera muy severa con la revisión de su trabajo. Ella se río y le dijo que no se preocupara, que con el ella iba a ser más benévola. Ricardo se despidió de su maestra y se dispuso a pasar su día de escuela de la manera más común que pudiera fingir. Ya de nuevo estaba en el estacionamiento guardando su mochila en la cajuela de su diminuto carro cuando oye una voz que le dice:” adiós y cuídate, te veo el lunes”, su maestra junto con otra de ellas se estaban subiendo al carro y se despedían de el. Ricardo sólo sonríe y piensa, ¿cuidarme, cómo? ¿Cómo puedo cuidarme de algo que viene en mis sueños y que no puedo controlar? 
 
En su recorrido de regreso a casa, Ricardo tenía que pasar frente a la iglesia en la que estaban depositadas las cenizas de su amigo y por un pequeño embotellamiento en el cruce de calles quedo frente a la puerta del templo y como algo natural “saludo” a su amigo y dijo en voz alta, deja de asustarme carbón y justo en ese momento vio a Agustín parado en la puerta de la iglesia, si era el, parado ahí de cuerpo entero y aunque sonreía la expresión en su cara era más de dolor y tristeza. Ricardo causo un nuevo embotellamiento al no mover su carro cuando el nudo anterior se había deshecho y cuando uno de los vehículos paso a un lado del suyo recibió una gran mentada de madre pero el no hizo caso a aquel conductor y lentamente estaciono su carro y se dirigió a pie hacia le entrada pero Agustín ya no estaba ahí por lo que Ricardo entro al templo y a la distancia pudo verlo entre la penumbra de aquel lugar, la silueta de su amigo que se dirigía escaleras abajo donde los osarios se encontraban. Con más miedo que gusto Ricardo fue bajando las escaleras y desde la puerta de aquel recinto y sólo con la mirada, recorrió el lugar pero no vio a Agustín ni a nadie más. Ya van dos veces que Agustín se me presenta y no me está gustando, decía Ricardo para sus adentros, ¿qué puedo hacer para que ya no suceda?, no tengo idea pero voy a buscar la manera de detenerlo, aunque sé que Agustín era muy terco y seguramente me va a estar buscando… debo de estar volviéndome loco, estoy hablando de la presciencia de mi amigo muerto y si algo tengo es que no creo en fantasmas, jamás he creído en ellos, ¿qué es lo que me pasa?
 
Ya en su casa, recibió la llamada de otro de sus amigos invitándolo a la reunión que iban a tener en casa de Rafael, simplemente por el gusto de tener una reunión y Ricardo sin pensarlo mucho accedió y quedo de verse con ellos donde Rafael. La noche pasó tranquila y Ricardo, que no era de beber, tomo una cerveza mientras se sentía distraído de la fiesta pero muy atento a sus pensamientos. Una de las amigas que había ido al convivio  se le acercó e intrigada le pregunto qué era lo que le pasaba ya que lo había notado ausente de los demás compañeros y Ricardo, viéndola de reojo, le sonrió y sintiéndose en la urgente necesidad de hablar con alguien le pidió que sí podían hablar fuera de la casa y ella accedió un tanto sorprendida pero interesada. Ya afuera y recargados en uno de los carros Rosa escucha toda la historia y ambos se quedan en silencio por un buen rato y en forma espontánea ella le hace ver que su cerveza se le estaba calentando y él le responde que en realidad no toma, mientras veía la botella en su mano para inmediatamente derramar su contenido en la calle y ella con su particular sentido del humor dice: parece que la respuesta a todo esto no estaba ahí dentro. Ambos se ríen y de nuevo se quedan callados. ¿Tú crees en fantasmas? Ella se tensa un poco y mete su mano a su Bas Bag y saca unos cigarrillos y al ponerse uno en la boca Ricardo ya tenía listo el encendedor y ella tras prenderlo aspira una gran bocanada de humo y le pide que no la tache de loca pero si, si creo en que existan, ¿has visto alguno? Eso si no sabría decírtelo, pero tal vez cuando era niña vi uno, era mi abuela, fue justo después de que murió y debo de decirte que no fue nada grato, todavía tengo escalofríos cuando lo recuerdo, como ahora. Ricardo se quitó una chaqueta ligera que llevaba y se la puso en los hombros. ¿Y tú Rosa, conociste bien a Agustín?, en realidad no, ya ves que era alguien muy obsesionado en sus cosas y en realidad pienso que no teníamos mucho en común, sólo éramos compañeros y eso es todo.
 
Los dos amigos se quedaron hablando fuera de la casa hasta la hora en que las amigas de Rosa decidieron irse. Se despidieron y ella bien envuelta en la chaqueta de Ricardo se va viendo por una de las ventanillas del automóvil y sin hablar, solo pensando en lo que ellos habían hablado. La noche fue larga para los dos, pero más larga para Ricardo quien no pudo conciliar el sueño a ninguna hora ya que sólo pensaba en que Agustín apareciera en su cuarto y después de haber comentado con Rosa lo de la probable existencia de los fantasmas, más se acrecentó su miedo. Mientras la luz del día despuntaba, la calma fue apareciendo y ya pudo conciliar por algunas horas el sueño. Ya al medio día su papa lo cuestiono, no tanto por las clases, sino por la actitud que venía teniendo en los días anteriores y Ricardo solo le dijo que no era nada, que todo estaba en relación a unos trabajos que tenía que hacer y estaba un poco retrasado. ¿Y serán unos trabajos o es algo de amores? No, no, son los trabajos,- pero esto despertó el recuerdo de Rosa y sobre todo su risa- aunque espero pronto decirte que sí son cosas de amores, pensó para sí. El papa le recuerda que después de la comida, su mama, él y sus hermanos se irían fuera de la ciudad por tres días aprovechando el puente en las escuelas, pero me imagino, dijo el papa, que te querrás quedar para acabar tus trabajos, ¿o no?, si papá me voy a quedar y los voy a adelantar… Y en ese momento no recordó lo de Agustín.
 
Rosa se encontraba en su casa y no dejaba de pensar en la historia de Agustín y recordando lo que ella había vivido quería hablar con Ricardo para mantenerse al tanto de lo que pasara pero no tenía su teléfono ni ningún otro dato para comunicarse con él. Dos horas después, Rosa había contactado a varias de sus amigas para tratar de encontrar la forma de comunicarse con Ricardo y no tuvo que esperar mucho, una de sus amigas quien tenía un hermano cuate le dio el teléfono y tras pensar un rato si debía de hacerlo se decidió y lo llamo y se pusieron de acuerdo para verse a petición de él. 
 
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La policía seguía completamente en blanco, no encontraban ninguna pista sobre el asesino que estaba asolando la ciudad y Rafael era el más interesado en el caso, no dejaba de leer el diario todos los días y de ver los noticieros de la televisión y prácticamente era de lo único que hablaba con sus amigos, a los cuales ya tenía hartos y poco a poco lo habían estado haciendo a un lado. El departamento de la víctima aún seguía cerrado por la policía y era el lugar que Rafael más quería visitar, casi como si fuera un lugar turístico de la ciudad.
 
Rosa y Ricardo se encontraron en un Café y sin mucho hablar pidieron algo de beber y se sentaron en una mesa distante a la puerta del lugar. Cuando Rosa empieza a preguntar algo, Ricardo la interrumpe y le dice que Rafael acaba de entrar al Café y que el preferiría que no hablarán del tema mientras el estuviera ahí. Ella estuvo de acuerdo y fingieron estar hablando de cualquier cosa menos de eso. Rafael los vio y desde lejos los saludó mientras se acercaba para contarles lo que sabía por las últimas noticias, tanto Ricardo como su amiga lo escucharon un momento y sin mucha diplomacia Ricardo le dice que le gustaría estar sólo con Rosa y que sí no le importaba, después hablarían ellos dos sobre lo que sabía. Rosa había clavado su mirada en su Chai frio y se quedó esperando a que Rafael se retirará, pero este no se iba y esbozando una sonrisa irónica les dijo que entonces ya sabía que era lo que traían entre manos y que entonces si se iría y pidiendo una disculpa se retira pero se devuelve y a voz en cuello le pregunta a Ricardo que si le iba a pedir a Rosa que fueran novios… La pareja de amigos se queda callada y esperan a que Rafael se vaya, este se retira riéndose y casi gritando que los noviecitos no querían ser molestados. Creí que nunca se iba, dijo Rosa, si lo mismo pensé yo, pero bueno ya no está, que ha pasado, pregunto ella y Ricardo le explicó que nada había pasado fuera de lo que ya le había contado y además que estaría sólo en su casa por el viaje de sus papas y que esa condición lo ponía muy nervioso ya que no tendría a quien acudir en caso de necesitarlo. Mientras Ricardo hablaba, Rosa estaba con la mirada fija en una de las ventanas del Café y cada vez se ponía más pálida y cuando su amigo acaba de hablar ella le señala, en silencio, que volteará hacia atrás y  ahí estaba Agustín parado frente a ellos viéndolos fijamente y sin expresión en el rostro, resaltando fuertemente los ojos, que eran completamente negros y sin brillo. Sin dejar de ver la aparición, Ricardo toma la mano de Rosa y en ese momento la imagen se desvanece, quedando los dos amigos frente a frente, sin emitir un solo sonido y prácticamente
petrificados, con la respiración agitada y Ricardo con una ligera sudoración por todo el cuerpo. ¿Era Agustín? pregunto Rosa, si era el, así es como lo había visto las veces anteriores pero jamás tan cerca de mí y ahora no sólo de mí, sino de ti también. ¿Qué relación tenías con Agustín? Pregunta Ricardo a Rosa, bueno, en realidad, dice ella, no era una relación fue algo de compañerismo como todos los demás, no era una amistad como la que ustedes tenían, de hecho lo más cercano fue ser parte de un equipo de trabajo en el primer semestre de la prepa, eso fue todo, aunque una de mis amigas estaba interesada en él, pero él jamás se dio cuenta o no quiso darse cuenta y por eso lo considerábamos como un idiota, disculpa, se que era tu amigo, pero era un idiota. Si tal vez tengas razón y más por la obsesión que tuvo por aquella mujer.
 
Ricardo estaba cada vez más nervioso y sin vacilar le pregunto a Rosa si era posible que el tuviera su teléfono para poder comunicarse en caso de que tuviera una visita no deseada esa noche. Ella le escribió el número de su celular en el suyo y cambiando de un tema a otro las horas fueron pasando hasta que el hambre los hizo ver que la hora de cenar había llegado y sin pensarlo mucho, Ricardo la invito a cenar y caminando fueron a un restaurante cercano. Ricardo, además de estar a gusto con la compañía, también quería estar acompañado el mayor tiempo posible ya que tenía un mal presentimiento para esa noche. Ya en casa de Rosa, Ricardo se despide de ella y le dice que va a tratar de no molestarla en la noche pero que lo disculpe si le habla, ella le insiste que no deje de hablarle si lo necesita, que va a dejar encendido el celular todo el tiempo. Se despiden y de camino a su casa Ricardo no aguanta las ganas de hablarle y le marca por el celular y después de pedirle una disculpa le dice que le gustó el rato que pasaron juntos y que quisiera llamarle al día siguiente para verla y contarle lo que la noche le trajera, ella alegremente le dice que estará esperando su llamada y que no se preocupe que todo va a estar bien. Terminando la llamada Ricardo ya quería llamarla de nuevo pero le pareció que sólo iba a hacer el ridículo por lo que disminuyo la velocidad del carro tratando de evitar lo más posible llegar a la casa.
 
Cerca de las doce de la noche Ricardo empezó a quedarse dormido y aunque sabía que no debía de hacerlo, casi le era imposible mantener los ojos abiertos y decidió dejar la televisión prendida en un canal de caricaturas para, según él, evitar cualquier sobresalto. La casa estaba tan silenciosa como siempre y en forma repentina su celular sonó a las cuatro de la mañana y vio que aparecía el nombre Rosa y cuando contesto oyó la voz de su amiga un tanto diferente a como normalmente hablaba y ella le explica que el fantasma de Agustín había estado parado a los pies de su cama por un instante y que le había dado un mensaje, -lleva a Ricardo al armario- para después desvanecerse. Rosa estaba claramente asustada y no tenía intenciones de conciliar el sueño por el resto de la noche. Los dos se quedan al teléfono hasta el amanecer y por más que se preguntaban uno a otro y repasaban la historia del caso de su amigo, no encontraban por qué ahora visitaba a Rosa y que era lo que quería Agustín relacionado con el armario. Ya a las siete de la mañana de ese domingo, los dos deciden dormir un rato y verse para platicar de nuevo las cosas. Después de haber comido, Ricardo estaba llegando al mismo Café en donde se vería con su amiga y poder platicar detalladamente lo que les estaba pasando. Una y otra vez lo hablaron y sacaron un sin fin de conclusiones las cuales los llevaba a la misma respuesta, no tener ni la más mínima idea de lo que sucedía. En una pausa que hicieron, Rosa se queda pensativa y le dice que recordó la película Sexto sentido y Ricardo, un tanto impresionado le dice que si esta sugiriendo enfrentar al fantasma y preguntarle lo que quería de ellos, -bueno, ¿podría ser?- no lo se, no se sí podría aguantar el hablar con Agustín ahora que esta muerto, si tienes razón, pero no encuentro otra forma de resolver esto y por otro lado, si no lo hacemos tengo el presentimiento de que no nos va a dejar en paz… , ¿sabes Rosa? Me da mucha pena haberte metido en todo esto, realmente me siento muy mal,- no te preocupes- dijo ella, se que no esta bonito esto, pero la compañía es buena y la situación interesante, si se puede decir así.
 
Mientras ellos pasaban la tarde en el Café, en otro lado de la ciudad la policía estaba siguiendo una pista fuerte del asesino múltiple, quien seguía matando mujeres. La situación del asesino había decaído en las noticias y sin olvidarlo, la gente poco a poco dejaba de hablar de ello, claro a excepción de Rafael quien ya tenía la loca idea de estudiar Criminalística y así sumergirse en ese mundo de violencia y locura. Rosa y Ricardo se habían salido del Café y ahora estaban recargados en un carro y el había soltado la pregunta de cómo podrían hacerle para contactar a Agustín y así poder hablar con él y de nuevo estaban en un callejón sin salida, no respuestas, no más ideas. Al tiempo en que Rosa se deshacía de su cigarrillo Ricardo la toma del brazo y le dice que voltee hacia su izquierda y ahí estaba Agustín, parado frente a la puerta de un banco y sin moverse. Vamos, vamos es nuestra oportunidad, dijo Rosa y los dos caminaron hacia la figura de su amigo y para su sorpresa la fantasmal figura no desapareció, sino todo lo contrario los espero y Ricardo con la voz entrecortada le pregunto qué era lo que quería y cuál era la necesidad de que el fuera al armario en el que había muerto. Por un momento no hubo respuesta para después, la aparición dirigirse a Rosa diciéndole que necesitaba que Ricardo recuperara algo que él había dejado en ese lugar y que era muy importante para el poder descansar. ¿Por qué te diriges a ella y no directamente a mi? pregunto Ricardo y sólo Agustín clavó la mirada en quien fuera su amigo y desapareció. Ahora menos entiendo, dijo Rosa, que pudo haber dejado ahí si la policía seguramente se llevó todo como evidencia, no lo sé realmente, contesto el, pero no quiero ir a ese lugar, tengo un mal presentimiento. ¿Y por qué se dirigía a mí, que le pasa a este fantasmucha? , no lo se, pero a mí también me parece muy raro. Por un lado quiero encontrar las respuestas yendo a ese lugar y por el otro quisiera prenderle fuego a ese fantasma y deshacerme de todo esto. ¿Crees qué puedas entrar al edificio?- Ricardo se queda pensativo y le dice que al edificio no cree que haya mucho problema, pero si para el departamento, ya que no se sí esté vigilado y como no han atrapado al asesino, o por lo menos es lo que creo, podría se peligroso si nos descubren ahí. ¿Si nos descubren? pregunto Rosa, yo pensaba esperarte en la banqueta, tu sabes, no me llevo muy bien con estas cosas sobrenaturales, bueno es cierto, si es a mi a quien Agustín se lo está pidiendo…, pero si el habla contigo, revira Ricardo, -no seas payaso- le dice Rosa, tú quieres que me muera de un infarto, no, no, nada de infartos, sólo lo decía porque parece que tú y él se entienden muy bien, ya ves con migo ni quiere hablar, no, no, no, mira de vez en cuando te asomas por la ventana y yo te doy ánimos desde la banqueta y además, vigilo por sí alguien llega y entonces yo te aviso. Ok, ok, yo entro solo y tu me das ánimos desde afuera, -ya lo sabía yo- dice Rosa, que eres una persona muy comprensiva, si, ¿tú crees?- responde el -y si te atrapan yo te llevo cigarros al penal- ¿sólo cigarros, que hay de mi visita conyugal, -vaya- dice Rosa, el muchacho es avanzoso,  -no te creas sólo bromeaba-, lo se dice ella y no te preocupes yo si te llevo los cigarros.
 
Mañana es lunes y es festivo, tal vez debamos de ir al edificio y acabar con esto, si, tienes razón dijo Ricardo y que de una vez ya nos deje en paz. Muy bien, ¿entonces como lo hacemos?- pregunto Rosa- bueno, se me ocurre venir y entrar muy temprano al edificio, como si yo viviera aquí y ya una vez en el sexto piso vería como entrar al departamento y de ahí, pues hacer lo que tenga que hacer, me parece bien, dijo Rosa y yo voy a estar todo el tiempo en la banqueta por sí algo se te ofrece, gracias amiga, sabía que podía contar contigo. Los dos amigos pasaron el resto del día juntos, Ricardo sin acordarse de los trabajos que tenía que completar y Rosa elaborando hipótesis de lo que podría encontrar Ricardo en aquel lugar y sin preocupaciones escolares ya que ella llevaba todo al día. Ya entrada la noche, Ricardo y Rosa se estaban despidiendo y de nuevo ella le dice que dejara el teléfono encendido por sí necesitas hablar con alguien, ya vez que Agustín no avisa cuando se va a aparecer.
 
Ya a las ocho de la mañana los dos se habían encontrado en un estacionamiento cercano al edificio de departamentos y juntos caminaban por la banqueta hacia el gran mocetón de concreto en el que Agustín acostumbraba a ver pasar a Angelina. ¿Este era el lugar en el que el esperaba para verla, verdad?, si aquí era y no me trae ningún buen recuerdo, me imagino que no -dijo Rosa- pero ya no hay forma de cambiarlo. ¿Ya estás listo Ricardo? Recuerda voy a tener el radio prendido y tú también debes de hacerlo por sí algo raro pasa, yo te aviso ¿y si me pasa algo raro a mi? -pregunto Ricardo- mmmm, que buena pregunta, bueno pues tratas de avisarme… Corre, corre, van entrando unas personas y si entras con ellas puedes pasar fácil al guardia de seguridad, Ricardo corrió hacia la puerta y despistadamente se unió a las tres personas que iban entrando y llego sin problemas al elevador y en menos de un minuto ya estaba en el sexto piso, cerrándose tras de sí las puertas metálicas del ascensor. En la bocina del radio de Rosa se escuchó la voz de Ricardo diciendo -ya estoy frente a la puerta del departamento y voy a entrar- esto fue lo último que Rosa escucho de su amigo, las horas pasaron y no había comunicación entre ellos y ya cansada Rosa de esperar e incapacitada totalmente para hacer algo por su amigo decidió retirarse y aguardar en su casa a tener noticias de el. No hubo noticias, la noche llego y Ricardo no se reportaba y muy a su pesar Rosa se durmió, esperando que en la mañana Ricardo apareciera por la prepa. La culpa no dejaba a Rosa tranquila, sólo pensaba en lo que le pudiera haber pasado a su amigo y cada vez que podía trataba de contactarlo por el radio o por el celular pero sin éxito. El día de escuela término, la tarde paso y la noche llego y no hubo nada, ninguna comunicación y ella estaba tentada a hablar a la casa de Ricardo pero no se atrevía al no tener una buena excusa para preguntar por él, por lo que no tuvo más remedio que esperar por lo que viniera. En la madrugada del Miércoles ella estaba sentada en su cama, con la chaqueta de Ricardo puesta y con el teléfono en la mano, revisando mentalmente las hipótesis que ella misma había formulado queriendo encontrar una explicación a lo que no entendía pero como en todo este caso nada venía a su mente como solución de lo sucedido. El miércoles paso como cualquier otro día mientras Rosa cada vez se sentía más triste y la distracción la hacía estar “ausente” de lo que la rodeaba. De nuevo una noche intranquila y una madrugada plagada de pesadillas e incómodas sensaciones de calor y frío alternadamente.
 
El jueves por la mañana se presentó, en el edificio donde el crimen se había llevado a cabo, un representante de la policía quien llevaba un acta en la cual se especificaba que el departamento numero 660 quedaba liberado de cualquier investigación policiaca referente al asesinato múltiple que ahí había acontecido, claro, todo esto entresacado de la jerga legal con la cual se escriben las actas oficiales. Cuando el administrador del edificio recibió la notificación, lo invadió por completo la curiosidad de ir al departamento y ver por sí mismo la escena del crimen y ni tardo ni perezoso tomo la llave maestra y le dijo a su secretaria, quien era la chismosa de edificio, que lo acompañara y vieran todo aquello. Mientras la secretaria y su acompañante recorrían las habitaciones vieron como las puertas del armario se abrían y de dentro salió un joven con la tez tan pálida como la cera y con claros signos de no haber comido en varios días. Los dos curiosos se quedaron callados y dejaron que Ricardo pasara sin hacerle ninguna pregunta y ambos prometieron no decir nada de lo que habían visto y salieron corriendo hacia sus oficinas pretendiendo que nada había pasado. ¿Por qué estaría ese muchacho ahí? Le preguntaba Sussy, la secretaria a su jefe y el sin dar pie con bola no sabía que contestarle pero había nacido en el la idea de renunciar a este trabajo ya que él era una persona supersticiosa y no veía en eso un buen augurio. Recuerdo a la señorita Angelina y nunca me imaginé que pudiera pasar algo así, pero esto me parece de lo más descabellado y no se qué contestarte y si, te voy a pedir que ya no toquemos el tema porque me estoy poniendo muy nervioso.
 
En la preparatoria el día se desarrollaba normalmente mientras Ricardo caminaba, instintivamente, hacia su casa y cuando llego no se hizo esperar el recibimiento de sus padres, quienes habían pasado unos días de infierno al no saber de él y después de que los ánimos se fueron calmando mandaron al muchacho a dormir porque dentro de su cansancio y confusión no les pudo explicar lo que había sucedido a ciencia cierta. No paso nada inusual esa noche aparte de que la mama de Ricardo daba vueltas a su cuarto cada hora para asegurarse de que todo estuviera bien. Rosa seguía en la misma condición, no sabía nada de su amigo y el recuerdo la seguía torturando en las noches, pero eso iba a cambiar ahora que el día despuntaba, ya que los papas de Ricardo harían una llamada a la preparatoria para decir que su hijo había vuelto pero que no iría a las clases hasta, por lo menos el lunes. Después de que la dirección se enteró no dieron un aviso formal pero de una o de otra manera los alumnos se fueron enterando. Cuando Rosa escucho la noticia fue directo con la maestra que había, en alguna ocasión hablado con Ricardo y le pregunto si era cierto que su amigo había regresado, que si estaba bien, ¿qué, que era lo que había pasado?, Rosa estaba muy acelerada y la maestra, quien ya estaba acostumbrada a tratar con adolescentes, la calmo y le dijo que lo único que sabían era que él estaba en su casa y que seguramente volvería a la escuela el lunes y entonces él les contaría lo que pasó. Rosa no se iba a quedar así y empezó a planear la manera de contactar a su amigo y no tuvo que pensar mucho, solo tomo su celular y le marco, claro, no esperaba que le contestara pero si lo hizo y cuando ella oyó su voz, no era la misma, su voz era más profunda y pausada pero era él y Rosa se alegró de poder hablar.
 
Hoy es viernes y quiero verte, dijo Ricardo y ella sólo pregunto que en donde quería que se vieran. Voy a pasar por ti y nos vamos al Café de siempre y te voy a contar lo que encontré en ese departamento, claro, claro que quiero oírlo, pero dime como estas tú, ¿estás bien, te sientes bien, no estás enojado con migo? - pregunto ella- y Ricardo, pausadamente le contesto que se encontraba bien y que de ninguna manera estaba enojado con ella, sino todo lo contrario, que se alegraba mucho por la llamada y que no sabría qué hacer si ella no estuviera cerca de el. Media hora después de que ella hubiera comido en su casa escucho el ruido de un automóvil que se detenía frente a su puerta, corrió hacia el espejo del recibidor y acomodándose bien la banda de pelo que llevaba hizo una rápida inspección de su blusa y tomo entre sus dedos una “gotita” de oro que llevaba colgada al cuello con una delgada y delicada cadena del mismo material y una vez lista le aviso a su mama que saldría a tomarse un café con un amigo y que llegaría más tarde. No había acabado de decir lo último cuando escucho el sonido del timbre de la entrada y tomando un respiro abrió la puerta un tanto angustiada, no sabía cómo estaría Ricardo, si sería el mismo o habría cambiado mucho. Hola -dijo el- dibujándosele una sonrisa en el rostro y ella no pudo contenerse y lo reprendió, me tuviste muy angustiada, no podía dormir, no comía, no me concentraba en las clases y todos se reían de mi porque parecía un zombi y ¡todo fue tu culpa, todo! ¿Por qué te metiste a ese departamento, porque no me contestabas cuando estabas adentro, acaso crees que soy de hule y no siento nada? ¡Contéstame, vamos di algo! Ricardo quería abrazarla y pegarla muy fuerte a su pecho pero sólo se atrevió a tomarla de la mano y le dio un beso en la mejilla y sin perder el tiempo le dijo que lo perdonara, que nunca había sido su intención asustarla y mucho menos que los demás le dijeran zombi, te prometo no volver a hacerlo - dijo Ricardo- y ella, un tanto sonrojada, le dijo que lo perdonaba.
 
Ya los dos estaban sentados en una pequeña mesa al fondo de la cafetería, ella con su te chai, por supuesto con hielo frapé y Ricardo había pedido un café, como siempre, el café más común de todos, el del día. Cuando entré al departamento todo fue normal,-empezó Ricardo su narración- no había señas de peleas ni de nada fuera de lo común parecía que ahí no hubiera sucedido nada y fue entonces que trate de llamarte para ir describiéndote lo que veía pero mi teléfono no tenía señal y el radio que me prestaste parecía no tener batería y te juro que me acobarde al no tenerte al alcance pero no pude salir, aún que lo intente, el departamento se había convertido en una especie de laberinto y para cualquier lugar que caminara, siempre terminaba parado frente a la puerta de la habitación de aquella mujer y a lo único que pude llegar en mis pensamientos fue a que tendría que entrar y como tu lo habías dicho, confrontar a los fantasmas,- ya te imaginarás que esto es más fácil al sólo decirlo, que a la hora de hacerlo- y te prometo que así fue, entre a la habitación y lo primero que pensé fue que ya no te vería, que de aquí no saldría, en ese momento Rosa le da una patada por debajo de la mesa y le dice que ni siquiera se le ocurra desaparecer o no volver y que ya deje de asustarla, tu prometiste no asustarme más, ¿te acuerdas?, -dijo Rosa- sí, si, dijo Ricardo, discúlpame. Bueno y que más, sigue contándome, pero no me asustes. Ya cuando estaba dentro de la habitación “y me dije que lo único que quería era volver a verte” -ella sonrió-, todo estaba como supongo la policía lo había dejado después de sus investigaciones y el armario tenía una de sus dos puertas entreabierta y recordé que Agustín te había pedido que me llevarás ahí y entonces abrí la puerta y como si una mano invisible me jalara hacia adentro quede parado, me imagino, en el lugar que Agustín habría estado y ya no pude moverme y tras unos segundos sentí un dolor muy fuerte en el lado izquierdo del cuello, fue como si me atravesaran con un fierro helado y no puedo decirte si me caí al suelo del armario o permanecí de pie pero todo cambio, una luz ilumino el lugar y de no se dónde apareció Agustín, y con el venían una mujer, ¿era Angelina? -pregunto Rosa- si era ella, la reconocí por las tantas veces que Agustín me hizo ir a verla y con ellos estaba el hombre que había muerto aquella noche también. Todos estábamos en silencio y con una señal de su mano, Angelina me hizo saber que los siguiera y los tres empezaron a caminar y yo detrás de ellos… ¿Quieres otro te? -interrumpió Ricardo la narración- y con esto Rosa salió de la ensoñación en la que se encontraba y  ella se lo agradeció y fueron por otras bebidas y algo de comer, ¡ah! y unas pastillas de menta. El día tenía una temperatura ideal y muy claro, por lo que decidieron irse a sentar a una de las mesas de la parte de afuera del Café para continuar con la plática y también para estar más solos y que nadie se enterara de lo que decían. 
 
Ya te imaginarás lo extraño que era estar ahí, continuó Ricardo diciendo y de nuevo Rosa fue entrando en la ensoñación tratando de visualizar lo que Ricardo le contaba.  Como te dije, camine detrás de ellos y en un lugar que no podría llamar desértico pero que no tenía nada, sólo un enorme campo de tierra bien apisonada, Agustín me empezó a contar, con lujo de detalles lo que había sucedido dentro de aquel departamento y mientras lo hacía, lo interrumpí para preguntarle qué era lo quería que recogiera, o viera dentro de aquel armario, pero no me hizo caso, siguió con su narración y cuando termino, Angelina le empezó a reclamar el hecho de que él estaba dentro de su departamento y el otro hombre solo los veía a los dos y se distanciaba para volver a acercarse y así sucesivamente. No sé cuánto tiempo pasamos en esta discusión inútil pero me imagino que fue mucho y cada vez que parecía que terminaban, volvían a empezar y así una y otra vez y jamás llegaron a estar satisfechos con las explicaciones que uno le daba al otro. Te juro que era enloquecedor y no se detenían y yo no obtenían ninguna respuesta para entender algo. Ya desesperado le grite. Agustín que cual era la razón de que sólo se refería a ti cuando lo habíamos visto en el estacionamiento del Café y ahí si rompió el ciclo de su estúpida discusión y me dijo que él había sido un idiota, ya que siempre le había gustado Marcela, ¿tu amiga verdad? —- le pregunto Ricardo a Rosa—- y ella volvió al mundo real y le dijo que Marcela era la que había estado interesada en Agustín y entonces Ricardo continuo con la narración, recordando que su amigo le dijo que el hubiera querido conocerla y tratarla, pero que nunca ella le dio la oportunidad.
Y eso que tiene que ver con Rosa, bueno — dijo Agustín — ella era la persona más cercana a Marcela cuando los vi aquel día en el Café, si eso es cierto - aclaro Ricardo- pero cuál era la idea, tal vez Rosa lo entendería y le diría a Marcela que la quise mucho -aclaro Agustín- .
 
Rosa ya se había acabado su segundo te y un par de galletitas que habían comprado y estando muy pensativa le dijo a su amigo que no entendía nada de lo que había estado pasando entre Agustín y el y Ricardo le dijo que la explicación le había  llegado más delante en la conversación que había tenido en aquel lugar y con aquellas ¿personas, almas, fantasmas? Bueno - dijo Ricardo- en realidad no se cómo decirles, por mi puedes decirles babosos - dijo Rosa-. Continuando con los… los babosos, me dijeron que en realidad Agustín no había dejado nada dentro del armario para que yo lo recogiera, que en realidad lo que necesitaban era a alguien, que aún no hubiera muerto, para intercambiarlo por ellos y así poder salir de ese estéril lugar y avanzar hacia un nuevo estado de “vida”. Al principio no lo entendí, de hacho no entendía casi nada de lo que estaba pasando en ese lugar pero de pronto te recordé, a ti Rosa y me empecé a inquietar mucho y me di cuenta de que me habían atraído para que ellos salieran de ahí y yo quedarme en su lugar y como has de ver no lo acepte y empecé a tratar de escaparme de ellos y de sus locas ideas. No sabía para donde correr -siguió Ricardo con su relato- y buscando mis propias huellas de entrada  pude ir descifrando el camino de regreso pero todo fue una constante pelea contra ellos tres, que me atacaban, no físicamente, sino en forma emocional tratando de hacerme sentir culpable por no querer ayudarlos y también me amenazaron con seducir a Marcela, tu amiga, para que entrara la armario y así sacrificarla a ella e vez de mí. Que locura, ¿por qué a ella? -dijo Rosa- realmente no lo se pero era algo que me decían pero aún con eso yo seguí buscando la salida y por lo que supe después, por mis padres, es que pasaron varios días para que saliera. Y eso fue todo lo que pasó, y aunque no lo entiendo, te juro que no vuelvo a entrar a ese departamento en toda mi vida.
 
Rosa se quedó pensativa por un buen rato y sin pensarlo le mando un mensaje de texto a Ricardo: ¿Crees que ellos quieran seducirme a mí para que entre en el armario?
 
 
 
 
 
                                                                                                                    FIN.
 
 
 
                                                                                                                          Rael.